jueves, 5 de junio de 2025
Corridas de toros; Mariano José de Larra, 1828
miércoles, 22 de diciembre de 2021
El trap, un narcótico más para los nihilistas de siempre; Equipo de Bitácora (M-L), 2021
«Como era de esperar el aumento de fenómenos como el pluriempleo, la precarización o el desempleo −y con estos, el de la alienación sobre el pueblo y especialmente entre la juventud− han facilitado que muchos individuos se identifiquen fácilmente con sentimientos de desesperanza sobre su situación personal. Una reacción no sorprendente han sido las clásicas actitudes que pueden ser calificadas como evasivas o individualistas, pesimistas o descorazonadoras. En este caso, dentro de la «música urbana», el trap lejos de ser una manifestación artística que cause la «revolucionarización» del oyente, parece haber venido para aplastar con su apatía toda perspectiva de futuro al grito de «¡Tonto el último!». En plena consecuencia con su extremo pragmatismo, se recomienda al sujeto que para sobrellevar el infausto viaje de la nada hacia la nada, lo mejor es dejarse llevar en una vorágine de excesos y confusión, un espectáculo tan dantesco como peligroso. En una de sus variantes, el trap triunfante lo único que ofrece es el canto del nuevo rico, aquel que presume de haber salido del pozo mientras se ríe de los que se quedaron a medio camino. Aquí mostraremos muy brevemente los conceptos y hábitos de amistad, sexo, amor o consumo, los cuales no son ni mucho menos originales, sino una especie de prestamismos culturales de todos los movimientos previos. Véase el capítulo: «¿Es el movimiento trap una innovación espiritual o estética?» de 2021.
¿Qué referencias tiene el trapero promedio y a qué aspira?
Para entender el pensamiento del trapero común, lo mejor será observar cuáles son sus iconos de referencia, y para ello no podemos sino recurrir a PXXR GVNG, la banda icónica que ha popularizado el género en España:
«Scarface, Carlito, Casino pirris / Moviendo nieve for real, perico pirris / Hablan de putas, de carros, en barrios pirris. (...) Crecí pobre like a Chapo, o-o-oh / Gané rango like a capo, o-o-oh / Tengo al pueblo como Pablo, o-o-oh (...) Solo quiero cosas que coloquen / Me suda la polla, voy a morir joven». (PXXR GVNG; La Familia, 2015)
¿A qué aspira entonces el «trapero vulgaris»? Pues, aunque no sea muy novedoso, a intentar emular las biografías de gánsteres, narcos y kinkis −reales o ficticios−, ¿la razón? En muchísimos casos pueden contener escenas muy similares a vivencias de los artistas. Esperan hacer carrera para intentar ser el próximo Pablo Escobar y engatusar al pueblo presentándose como el «nuevo salvador», ese noble hombre que «regalaba» al barrio un campo de fútbol a cambio de atracos, matones a sueldo, soplones y coches-bomba cada semana, a la par que arruinaba a toda una generación con la droga. Un trato justo, ¿no? Bien, ¿y qué ocurre si esto nunca llega a culminarse? Bueno, si las ambiciones del trapero no pueden ser completadas y no se convierte en el próximo capo, lo que quedará entonces, según sus palabras, es «vivir rápido y morir joven», a ser posible por sobredosis en un bar de estriptis. ¡Un final también muy inesperado!
sábado, 20 de noviembre de 2021
¿Es el movimiento trap una innovación espiritual o estética?; Equipo de Bitácora (M-L), 2021
«Pasemos a otro punto cardinal: ¿trae el advenimiento del trap algún tipo de innovación espiritual? A decir verdad, los analistas –provengan de donde provengan, sean estos profesionales o amateurs, estrictamente del mundo de la música o no–, nos han vuelto a decepcionar enormemente, ya que, salvo honrosas excepciones, han solido presentar el movimiento trap como una «renovación de los valores sociales», una «nueva rebeldía de los jóvenes de las clases más bajas» y todo tipo de epítetos que suenan muy sorprendentes. Pero las más de las veces esto solo ha sido un truco de ilusionismo de estos «opinólogos» para captar la atención de los oyentes o lectores. Podríamos citar infinidad de artículos, pero creemos que a estas alturas del documento el lector estará harto de tales pruebas.
En verdad esto es sumamente común dentro de la «industria filosófica», la cual, como retrataron Marx y Engels sobre los hegelianos y los «productos mercantiles» que lanzaban al «mercado», se ve obligada a realizar estos sobreesfuerzos teatrales para vender su producto:
«Cada uno se dedicaba afanosamente a explotar el negocio de la parcela que le había tocado en suerte. No podía: por menos de surgir la competencia. Al principio, ésta manteníase dentro de los límites de la buena administración burguesa. Más tarde, cuando ya el mercado alemán se hallaba abarrotado y la mercancía, a pesar de todos los esfuerzos, no encontraba salida en el mercado mundial, los negocios empezaron a echarse a perder a la manera alemana acostumbrada, mediante la producción fabril y adulterada, el empeoramiento de la calidad de los productos y la adulteración de la materia prima, la falsificación de los rótulos, las compras simuladas. los cheques girados en descubierto y un sistema de créditos carente de toda base real. Y la competencia se convirtió en una enconada lucha, que hoy se nos ensalza y presenta como un viraje de la historia universal, como el creador de los resultados y conquistas más formidables». (Karl Marx y Friedrich Engels; La ideología alemana, 1846)
O dicho de otro modo: todo producto necesita publicidad, pero uno malo o adulterado necesita el doble o más; y en este caso, lo que se quería decir es que dentro de la competencia filosófica y productos que son la copia de la copia, este «factor de impulso» es más que necesario, incluso aunque el público esté acostumbrado a él. Por eso hoy los filósofos o los publicistas musicales intentan vendernos que el trap tiene una inspiración y originalidad que no se le encuentra por ninguna parte.
¿Acaso no existía todo esto ya en «románticos», «decadentes» y «existencialistas»?
«Pregunta: ¿Es la música de una generación deprimida o al borde de la depresión todo el rato?
– Ernesto Castro: Sí, pero no una depresión subjetiva, sino objetiva, no sólo psicológica sino también económica y social». (Diario de Sevilla; «El público es tan ignorante que no va más allá de la superficie provocadora del «trap», 17 de octubre de 2019)
jueves, 22 de julio de 2021
El romanticismo y su influencia mística e irracionalista en la «izquierda»; Equipo de Bitácora (M-L), 2021
¿Cómo computamos la historia de la filosofía?
«Los elementos intermedios y los charlatanes conciliadores, cualquiera que sea su rótulo, ya se trate de espiritualistas, de sensualistas, de realistas, etc., etc., en su camino caen bien en una o bien en otra corriente. Nosotros exigimos decisión, queremos claridad. (…) Toda la lucha contra Dühring la llevó a cabo Engels por entero bajo el lema de la aplicación consecuente del materialismo, acusando al materialista Dühring de enturbiar la esencia de la cuestión con palabras, de cultivar la verborrea, de usar unas formas de razonar que implican una concesión al idealismo, el paso a las posiciones del idealismo. O el materialismo consecuente hasta el fin, o las mentiras y la confusión del idealismo filosófico. (…) No se puede por menos de ver la lucha de los partidos en la filosofía, lucha que expresa, en última instancia, las tendencias y la ideología de las clases enemigas dentro de la sociedad contemporánea. La novísima filosofía está tan penetrada del espíritu de partido como la filosofía de hace dos mil años». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Materialismo y empiriocriticismo, 1908)
Como se podrá ir comprobando durante toda la exposición que veremos más adelante, las ideas de la Revolución Francesa (1789) fueron la piedra de toque entre los pensadores del siglo XIX, un cambio de paradigma que no dejaba indiferente a nadie, pues no hay término medio: o bien causaba una gran admiración o bien una enorme repulsa. Y bien, ¿cuál fue el cómputo general de este evento histórico para los revolucionarios del siglo XX? En Rusia los bolcheviques proclamaban que:
«La filosofía del marxismo es el materialismo. A lo largo de toda la historia moderna de Europa, y especialmente a fines del siglo XVIII, en Francia, donde se libró la batalla decisiva contra toda la morralla medieval, contra la servidumbre en las instituciones y en las ideas, el materialismo se acreditó como la única filosofía consecuente, fiel a todas las teorías de las ciencias naturales, hostil a la superstición, a la beatería, &c. Por eso los enemigos de la democracia intentaban con todas sus fuerzas «refutar», minar, calumniar el materialismo, y defendían diversas formas del idealismo filosófico, que conduce siempre, de un modo o de otro, a la defensa o al apoyo de la religión, etc». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo, 1913)
No pocas veces se han alzado interrogantes tipo: «¿Se puede afirmar que los marxistas son los legítimos sucesores de los racionalistas, los ilustrados o cualquier otro movimiento anterior que adujese la razón como su guía?». Otros se preguntarán lo mismo, pero sustituyendo la razón por la «observación». Centrándonos en estos últimos siglos de la Edad Moderna, es obvio que el materialismo histórico y dialéctico, las herramientas filosóficas del socialismo científico compilado por Marx y Engels, siempre han reconocido el trabajo que en su día hizo el racionalismo de Leibniz, Spinoza o Descartes, el empirismo de Bacon, Condillac, Locke o Hobbes, y por encima de todos ellos, destacando el legado de pensadores como Diderot, Helvétius o Holbach, autores tan profundamente materialistas como todavía metafísicos.
Claro está que en su momento todos contribuyeron con su imprescindible labor en varios campos específicos –no solo en la filosofía sino también en las diversas ciencias– para rescatar o hacer avanzar el conocimiento humano científico. Plantaron cara al oscurantismo general de aquel entonces, pero en parte también contribuyeron a seguir manteniendo otros prejuicios que debían finalizar –unas veces influyó más la ignorancia generalizada en el ambiente de su tiempo y en otras fue decisivo el empecinamiento personal de los autores–. No por casualidad en la «La sagrada familia» (1845), el primer trabajo conjunto de Marx y Engels, ambos autores rinden homenaje a varias de estas figuras destacadas de los siglos XVII-XVIII sin que ello suponga dejar de mostrar sus limitaciones. También en la obra de Gueorgui Plejánov «La concepción monista de la historia» (1895) tenemos una magnífica investigación sobre esto exponiendo las descabelladas teorías que por aquel entonces permeaban entre los reformadores sociales y los pensadores bienintencionados. Aquí se daba un repaso nítido tanto a las ideas de los materialistas del siglo XVIII como a los socialistas utópicos del siglo XIX, que si bien no fueron las únicas tendencias, sí las más recordadas y transcendentes. Por último, podríamos citar la obra de M. Shirokov: «Libro de texto sobre filosofía marxista» (1937) o la del Prof. A. V. Scheglov y un grupo de catedráticos de la Academia de la Ciencias de la URSS: «Historia de la filosofía; De Sócrates a Scheler» (1942). En ambas encontraremos conclusiones similares. Para no extendernos con más referencias, resumiremos con un extracto de la fina pluma de Antonio Labriola la enorme línea de diferenciación que siempre ha existido entre estos autores y los padrinos del socialismo científico. De esta forma captaremos cuán incompatibles son ambas visiones en infinitas cuestiones de enjundia –los corchetes son nuestros–:
«Otra cosa se necesitaba para penetrar las razones efectivas de la relatividad del progreso. Se necesitaba ante todo renunciar a aquellos prejuicios implícitos en la creencia de que los obstáculos a la uniformidad del devenir humano descansan exclusivamente sobre causas naturales e inmediatas [geografía]. (…) Los consecutivos impedimentos a la uniformidad del progreso han de buscarse en las condiciones propias e intrínsecas de la misma estructura social. (…) Es siempre, por diferentes que sean sus formas y modos, la oposición de la ciudad y del campo, del artesano y del campesino del proletario y del patrono, del capitalista y del trabajador, y así hasta lo infinito, y va siempre a parar en una jerarquía, tanto si es el privilegio fijo de la Edad Media, como si con las distintas formas del derecho presunto igual para todos se revela en la acción automática de la competencia económica. (…) A esta jerarquía económica corresponde de modo vario un los diferentes países, tiempos y lugares, una: estoy por decir, jerarquía de los ánimos, de los intelectos, de los espíritus. Esto equivale a decir que la cultura, en la cual precisamente los Idealistas sitúan la suma del progreso, estuvo y está por necesidad de hecho bastante desigualmente distribuida. La mayor parte de los hombres, por la cualidad de sus ocupaciones, son así como individuos desintegrados, incapaces de un desarrollo completo y normal. A la económica de las clases y a la jerarquía de las situaciones, corresponde la psicología de las clases. La relatividad del progreso es, pues, para nosotros, la consecuencia inevitable de las antítesis de clase. (...) El progreso fue y es aún parcial y unilateral. Las minorías que salen beneficiadas sostienen que esto es el progreso humano, y los soberbiosos evolucionistas llaman a esto naturaleza humana que se desarrolla. Todo este progreso parcial, que basta el presente se ha desarrollado en la presión de hombres sobre los hombres, tiene su fundamento en las condiciones de oposición por la cual las antítesis económicas han engendrado todas las antítesis sociales, y de la relativa libertad de algunos ha nacido la servidumbre de muchísimos, y el derecho ha sido protector de la injusticia». (Antonio Labriola; Del materialismo histórico, 1896)
viernes, 27 de marzo de 2020
La literatura que necesita el pueblo...
Anotaciones de Bitácora (M-L):
Pese a las limitaciones del liberalismo-romántico de Larra, esta es una visión progresista y dialéctica sobre la cultura en un hombre de la España de principios del siglo XIX. Esto tampoco quita que ni él ni autores anteriores como Quevedo, Calderón de la Barca, Lope de Vega fuesen profundos creyentes, y dedicasen varias críticas hacia el ateísmo que carecen de toda validez. Pero centrarse en este aspecto sería metafísico y hasta anacrónico, hay que destacar lo positivo y desechar lo negativo. Enver Hoxha hizo un análisis muy lúcido en esta cuestión:
«Hay que situar correctamente a nuestros renacentistas en la época en que vivieron, trabajaron y lucharon, poner de manifiesto sus ideas como producto del desarrollo de la sociedad de aquella época, poner de manifiesto sus objetivos inmediatos y futuros. Si las cosas se plantean así, correctamente, resultará que estas figuras de nuestro Renacimiento eran destacadas personas de ideas progresistas, iluministas revolucionarios, valientes y animados de un amor grande y ardiente por su patria. Lucharon con el fusil y la pluma por la libertad y la independencia del pueblo, por su despertar. Todos éstos son sus aspectos positivos, que son grandes. Todas estas virtudes y características de la época del Renacimiento y de los renacentistas debemos darlas a conocer al pueblo.
Pero, no debemos olvidar en ningún momento que estos mismos animadores de nuestro Renacimiento tienen sus aspectos negativos que deben ser sometidos a nuestra crítica marxista-leninista. Estas debilidades consisten en sus concepciones filosóficas, que son idealistas. Se trata de un pesado bagaje, de la filosofía de su época, que está en contradicción y en lucha con nuestra ideología.
¿Podemos acaso callar este antagonismo, esta lucha implacable, a muerte, que los marxista-leninistas libramos contra la filosofía idealista, contra la religión y las creencias religiosas? ¿Podemos acaso considerarles intocables, tabús, únicamente porque son renacentistas? ¿Podemos, por una parte, combatir resueltamente la teología, la religión, las iglesias y las mezquitas, los curas y los almuecines y, por la otra, exaltar aquellas partes de la obra de Naim en las que expresa su filosofía bektachiana, o de Mjeda donde trata de la teología cristiana, o de Cajupi donde el autor dice, por ejemplo, que Papa Tomori era el «trono de Dios», etc., y ofrecer todo esto al pueblo como alimento ideológico sólo porque aquéllos son renacentistas, grandes hombres que han sentado las bases del desarrollo de nuestra lengua y han contribuido a su formación, porque sus poesías son hermosas y porque han creado bellas imágenes?
No, como marxistas que somos y en interés del pueblo y del socialismo, debemos combatir estos aspectos negativos. En materia de ideología, podemos hacer concesiones a la poesía o a la lengua La apreciación que Engels hizo de la lengua de Lutero, como base de la lengua literaria alemana, en absoluto impidió evaluar a la luz de la verdad y desenmascarar el papel reaccionario de la Reforma antes y después del levantamiento campesino en Alemania». (Enver Hoxha; Sobre la revolucionarización en la escuela; Discurso pronunciado en la reunión del Buró Político del CC del PTA, 7 de marzo de 1968)
«La cultura proletaria no surge de fuente desconocida, no brota del cerebro de los que se llaman especialistas en la materia. Sería absurdo creerlo así. (…) El marxismo adquirió importancia histórica como ideología del proletariado revolucionario debido a que, lejos de desechar las más valiosas conquistas de la época burguesa, aprendió y reelaboró por el contrario, todo lo que había de precioso en el desarrollo más de dos veces milenario del pensamiento y la cultura humanos. Sólo la labor efectuada sobre esta base y en este sentido, animada por la experiencia de la dictadura del proletariado, que es la etapa última de su lucha contra toda explotación, puede ser considerada como el desarrollo de una cultura verdaderamente proletaria». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Las tareas de las ligas juveniles, 1920)
martes, 30 de julio de 2019
Larra sobre la sátira y la crítica
viernes, 26 de julio de 2019
Espronceda, su tiempo, su vida, y su obra; F. Gavinet, 1950
«Cuando a los 33 años, en 1842, murió José de Espronceda, había jugado un papel histórico de significación tan acusada que, a pesar de su temprana muerte, y de la obra que de su singular genio cabía esperar, sería inadecuado calificar tan poderoso cerebro y tan noble corazón como malogrados.






